lunes, 16 de abril de 2007 16:11
por
amoexisto
TREINTA AÑOS
A tí, donde quiera que estés,
Treinta años… se dice fácil, sólo dos simples palabras, pero si cuentas cada mes, semana, día, hora, minuto, segundo, comprendes que en treinta años está encerrada una vida entera… sí, una vida como la que yo he vivido, o tal vez, la que he dejado pasar…
Ayer vi una foto que me remontó a aquella época de locuras y utopías, donde todo sueño parecía palpable, y toda posibilidad de enfermedad o muerte resultaba totalmente ajena e irreal. La época donde una mirada podía significar el comienzo y el fin del Universo y nos sentíamos tan dueños absolutos del tiempo que casi rozábamos la inmortalidad.
La foto alguna vez fue en blanco y negro, ahora es crema y marrón, al igual que nosotros ha ido perdiendo el color, la nitidez y el brillo y hoy sólo es una desteñida imagen de lo que fue… también como nosotros.
Tu sonrisa, limpia e inocente, abrió una grieta en mi memoria y en un instante comprendí cuán fácil hubiera sido creer en ella cuando teníamos tanto por salvar... tardío e inútil entendimiento que ha demorado treinta años con cada uno de sus meses, semanas, días, horas, minutos y segundos en llegar!
¿Cómo no pude ver entonces algo que ahora salta a mi vista como una gacela joven? Dicen que el amor es ciego… ¡pero qué apasionado y loco aquel invidente amor de nuestros años mozos!
Si pudiéramos retroceder nuestros relojes biológicos y caer en el preciso instante en que fue tomada esta foto, ¿qué sucedería?, quizás nuestro futuro-pasado sería diferente a lo que fue-es, o simplemente volveríamos a ser el mismo par de tontos adolescentes, llenos de inseguridad y de dudas, creyéndonos inmortales y dándonos el lujo de tirar a la basura todo el amor posible, con la intención ingenua de recogerlo a la vuelta.
Así vamos tirando la vida al abismo… y cuando queremos recuperarla, comprendemos que ya no hay regreso, pero ese torpe entendimiento siempre llega demasiado tarde, cuando ya nos apostamos el amor en la ruleta rusa y lo perdimos todo.
Treinta años… tantas cosas son diferentes en el mundo de hoy. Si fuéramos jóvenes y nos conociéramos en pleno 2007, probablemente pasaríamos las madrugadas enviándonos mensajes instantáneos o chateando en un privado. Quizás las postales electrónicas sustituirían aquellas florecitas silvestres que me llevabas cada mañana a la Universidad; cambiaríamos el helado de Coppelia por un café de Starbucks, pero en esencia, nos amaríamos igual y surgiría la misma inseguridad, y ella traería las mismas dudas y de nuevo los celos enfermarían de muerte nuestro amor.
Sólo quería decirte que ayer, cuando vi la foto de hace treinta años, comprendí que la vida era demasiado seria y mucho más corta de lo que creíamos entonces. Que nuestro amor fue hermoso y verdadero, aún en medio de su agonía. Que nunca debí dudar de tu sonrisa. Y que aunque tarde, hoy creo en tí, en tu amor y en tus promesas, aunque la vida no permitió que se cumplieran o nosotros no le dimos la oportunidad.
Quiero que sepas que ahora, veinte años después, estoy realmente lista para el amor. Puedo reconocer la inocencia de una mirada y la veracidad de un sentimiento. Sé lo que un hombre es capaz de ofrecer y lo que yo espero, y me entregaría sin reservas a cambio de un auténtico amor. Porque ahora comprendo cuán necesario es ese sentimiento en nuestra vida y si lo encuentro, no lo dejaría escapar por nada de este mundo…. No otra vez…
Mientras escribo, mi nieta me mira con sus ojos claros y redondos como dos lunas y tengo la angustiosa certeza de que la historia se repetirá y muy pronto otra niña saldrá a despedazar su corazón en un apasionado y loco amor adolescente.
Hasta nuestro próximo encuentro… quizás dentro de otros treinta años, Amor.