Increíble, aquella mujer llevaba demasiado tiempo siguiéndome, sin

perderse el más mínimo de mis movimientos. Estaba tan cerca de mí que

casi podía sentir su aliento en mi nuca.

"Es empleada de seguridad de la tienda y me ha visto pinta de ladrón",

pensé y continué buscando entre los anaqueles una camisa azul para mi

traje gris oscuro. Encontré una y me dirigí al probador.

Al salir, todavía estaba ahí, tropecé con su mirada, noté que intentaba

disimular y decidí enfrentarla:

"Disculpe, ¿acaso se le ha perdido alguien como yo?".

Ella levantó sus ojos humedecidos y contestó:

"Mi hijo era idéntico a usted, una mañana salió de la casa y nunca

regresó... trabajaba en las Torres Gemelas"