lunes, 09 de abril de 2007 20:34
por
amoexisto
HUECO NEGRO AL PASADO
Era el momento más logrado de mi vida, todo había ido tomando su nivel y por primera vez cada cosa encajaba en su lugar, cada uno de nosotros estaba donde debió haber estado siempre.
La casa tenía al fin calor de hogar, por primera vez todos estábamos en la misma frecuencia. Había sido duro el camino, atravesamos muchas pruebas difíciles, perdonamos errores inmencionables, todo en aras del amor, de la familia, de la estabilidad, de la “felicidad”, sí, entre comillas, pero felicidad al fin.
Nuestra relación ha sido complicada, enfermiza, volcánica, explosiva, marcada por infidelidades, mentiras, agresiones, violencias, insultos y todo tipo de barbaries que han hecho peligrar nuestro nido durante décadas. Muchos buches amargos he tragado para salvar nuestra sagrada unión.
Pero ahora estaba tan cerca de la meta, que podía sentir en las mejillas la caricia del éxito. Si buscaba algo cercano a la felicidad, lo había logrado. De tanto elevar mis plegarias infinitas a Dios, por fin me había concedido lo que por tanto tiempo le pedí.
Y justamente entonces, por ironías del destino, apareces tú con tu sonrisa abierta, la misma que me dolió por tanto tiempo, tus manos tejiendo la antigua caricia inolvidable. Llegas inconfundible con tu maleta llena de recuerdos abriendo surcos en mi memoria.
Y ya no sé cómo escapar a ese magnético abismo de tus brazos. No sé cómo hacerte ver que somos dos piezas de un rompecabezas que fueron arrancadas de su lugar original y lanzadas a espacios muy lejanos, en donde cada uno de nosotros acomodó su forma.
Cómo explicarte que tú eres el pilar de tu edificio y yo soy la simiente de mi árbol y que ese edificio y ese árbol son hoy más importante que cualquier otra cosa en este mundo. Cómo hacerte entender que ya pasó nuestro momento, y que hoy no hay espacio para ninguno en la vida del otro.
Por eso ya es hora de cerrar el hueco negro que abriste hacia el pasado, por donde se me está escapando lo poco que me queda de cordura. Es hora de decir "ya no se puede" y seguir cada uno con su vida. Ahora que mi árbol al fin ha dado frutos, no tengo corazón para arrancarlo de raíz y enredarme de nuevo en esta historia.