Desde que España es España, es decir, desde que las monarquías consiguieron unir cada reino bajo una misma corona, la corrupción vive entre nosotros.
La historia de nuestras tierras cuenta que no hemos conseguido estar representados por personas honestas, poco menos que nunca.
Todos ellos atesoran una serie de comportamientos que parecen ser una predisposición genética, a saber:
1. Una inclinación tremenda a llenar los bolsillos propios y de sus allegados a velocidades de vértigo.
2. Un afán por que su nombre quede inscrito en la posteridad por los siglos de los siglos, no encontrando otra forma de llegar a tal fin, que realizando obras públicas por muy innecesarias que sean, probablemente por que soportan un miedo insufrible a la muerte.
3. Una falta de comunicación total y absoluta con los ciudadanos, en toda época y momento por fácil o difícil que sea la situación.
4. Una incapacidad para establecer un orden y denunciar a los corruptos de sus propios equipos.
5. Poseen la capacidad de pintar blanco luminoso lo que es más negro que el carbón…
6. Se hacen acompañar de aduladores que ríen sus gracias, apruban su incompetencia y llenan las faltriqueras propias y de sus allegados...
Y aquí, todos calladitos. _ ¿Por qué? _ Pues porque de alguna manera todos nos debemos estar beneficiando.
El lunes 21 de noviembre de 2011 me quedé muy sorprendida. Nadie, absolutamente nadie, celebró de alguna manera el cambio de gobierno. A pesar de vivir en una ciudad de ayuntamiento conservador, nadie dio su opinión. Los de extrema derecha que en España son muchos más de lo que podamos imaginar, está claro que no iban a celebrar la llagada al poder de una persona a la que consideran medio lela. Los de la derecha moderada no esbozaron ni una leve sonrisa. Aquellos que votaron por el cambio y que dejaron de dar su apoyo a un gobierno a favor de otro, estaban mudos.
No lo podía creer.
El día transcurrió como cada lunes con mucho trabajo pero con un silencio ensordecedor.
Imaginé que pasados los días, las personas demostrarían su alegría de alguna manera, me confundí.
El silencio se ha instalado en todos. Nadie protesta, nadie se queja, nadie se alegra.
Los conservadores ya no tienen de que hablar, ni tienen a nadie que culpar; la izquierda temerosa, calla.
De repente se ha hecho la paz.
Bueno o malo, éste silencio sin crispaciones logra que los corruptos sigan campando a sus anchas, haciendo y deshaciendo a su antojo…que un tribunal, tal vez por miedo de alguno de sus miembros, o por la compra de la voz, opinión y voto, absuelva a un mal gestor y “mariflor“, como Camps -total, por unos trajecillos de nada-; que Rita la marimacho sea alcaldesa, o que un juez del Tribunal Supremo se siente en el banquillo de los acusados, mientras que a los jueces corruptos solo se los cambia de jurisdicción.
Si a si son los de arriba ¿cómo seremos los de abajo?