Desde mi sillón.
 

DESDE MI SILLÓN...

Kelisidian
INCREÏBLE
 

Increíble.

Estaba casi perfecta. Parecía ser feliz.

Ni por asomo tenía el largo de pelo que un día decidió cortar, echándose muchos años encima, a diferencia de lo que le ocurre a la mayoría de las mujeres.

Seguía con su apariencia de niña buena con movimientos pausados, intentando acercarse a la elegancia y que resolvía de manera fabulosa vistiendo ropas caras.

De arriba a bajo, todo estaba en su sitio.

Al principio no la reconocí. Desde hace tiempo ni veo bien, ni presto atención sobre nadie que me cruzo. Estoy siempre imbuida en mis pensamientos, problemas y manera de resolverlos.

Pero ocurrió que él apareció. Un tipo nervioso, con prisas y sin haber llegado a donde debía y supongo lo esperaban, empezó a dar explicaciones, intenciones e intereses. Sin saludar se marchó.

Ni siquiera entonces presté mucha atención. Solo vi a un tipo dando órdenes a una mujer con poca educación, bajo mi punto de vista.

Pensé en voz alta: ¡Hombre tenía que ser!.

  • Él siempre es así y ella no lo ve, me dijeron de manera confidencial.

  • Una pena, exclamó.

Seguí en mi mundo.

Minutos más tarde, no sé cuantos, observé que ella hablaba, hablaba y hablaba, no entendí lo que decía, tampoco quería y de haber querido no habría podido pues el secador lo impedía, aún así reconocí la voz, la cadencia y su timbre particular.

¡Increíble!.

A kilómetros de distancia de nuestros antiguos mundos y coincidíamos otra vez.

No creo que me reconociera y si lo hizo, no cruzamos palabra.

Cuando iba a salir del local y mientras me ponía las prendas de abrigo, noté que me observaban. Me giré y allí estaba él mirándome, desplegando una sonrisa. Había regresado.

Mi sorpresa iba en aumento.

Aquel hombre probablemente de unos treinta años con cara de niño era muy parecido a su antigua pareja.

La misma altura, misma complexión física, corte de pelo parecido aunque rubio. Vestido con un abrigo entallado tipo sastre de color gris cuatro puntos más claros que el abrigo que usaba su anterior pareja. Ojos enormes azules que me miraban de forma pícara. No sé si sabía quien era yo o simplemente veía a una “pureta” que le gustaba, ni idea, lo que sí comprendí es que él mandaba y ella obedecía; que a su manera, ella podrá hacer algunas cosas; que sigue siendo la misma crédula que lo da todo a cambio de muy poco pensando que así la amarán.


Ojala lo consiga.

Todavía no comprendía que es su figura, sus grandes pechos y pequeño trasero lo que sus hombres desean, que es por ello por lo que se portan de una manera tan arrogante, grosera y mal educada, que están a su lado para cuando llegue el momento de regocijo mutuo, pero que el resto del tiempo para ellos supone un enorme esfuerzo que los lleva a cambiar el humor.

Ella condescendiente acepta el trato, cuando bien podría darle la vuelta a la tortilla y aprovecharse de su estupenda figura para bien de ambos.

  • ¿esto es lo que quieres? Pues bien, es mío y si lo deseas yo también quiero: _ Buena educación siempre. _ Contención del mal humor. _ Una sonrisa. _Sentir que me amas...pero todo esto sin decirlo, sin que ni siquiera él sienta un reproche, con inteligencia, con amor del que dura, dura y dura y no esa forma empalagosa de decir te quiero, que hace sentir al que lo recibe que se le ha caído una losa de cementerio enorme encima, provocando una estado de angustia contenida con un nudo debajo del ombligo y que a su vez, espera una respuesta con el mimo nivel de empalago para escuchar otro, te quiero y que en caso de ausencia de la “frasecita”, en vez de un respetuoso y sincero silencio se oye la pregunta:

  • ¿me quieres?

  • Ellos sin mirar a los ojos murmuran, claro.

  • Dilo

  • te quiero

  • no parece sincero

  • pues lo es.

Pues claro que lo es, aunque solo te quieran para la cama, “so pava”

Si es que Dios le da mocos a quien no sabe sonarse.


Salí de allí. Esta vez en mis pensamientos se acercaban recuerdos gratos y no tanto. Recordé el día que me dijeron que su anterior pareja era un cabrón. Aquel día contesté que ella también lo era.

¿Cómo puedes decir algo así? Me recriminaron, dándome un montón de detalles de las bondades de aquella mujer.

Cuando me dejaron dije: Un cabrón es aquel que hace daño a sabiendas pero también lo es la persona que aguanta de manera cobarde las ofensas.


Poco después volví a mi mundo interior y a seguir intentando resolver los problemas que la vida me da, que no son pocos, a Dios gracias.






Publicado el: sábado, 14 de enero de 2012 20:37 por kelisidian

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