El Dios de las pequeñas cosas
Demasiado tiempo hablando de mi. Demasiado tiempo escribiendo de mi tristeza. Hoy me gustaría cambiar el tono.
Si miro hacia atras, encuentro momentos en los que las cosas menos esperadas y de la manera mas sorpresiva, acudieron en la yuda de mi hijo o en la mia propia. Son momentos a veces anonimos, momentos pequeños, pero que sirvieron de ayuda, y hoy , en la distancia creo que fueron fundamentales.
Quiero recordar a tantas personas anonimas, que se acercaron con una palabra de apoyo, o simplemente de consuelo. Personas que no conocia , o que si las conocia, no necesitaban haberlo hecho. Recuerdo cosas como la amabilidad, o simplemente el cariño en el tono en que me hablaban. Simplemente a veces una mirada de comprensión, o la paciencia con la que atendían esas mil preguntas que hacía. Gente como el personal del hospital, traginados en mil tragedias , que perfectamente podían limitarse a cumplir su trabajo, pero que con la mirada o simplemente escuchando, sabían acompañar. A todos ellos gracias.
Quiero recordar a los médicos, a su cariño, a su disponobilidad. Saber que estaban ahí, que podía acudir a ellos era fundamental. Me aportaba tranquilidad y rompía mucho mi desaliento al comienzo.
Fueron mas de dos meses los que estuvo ingresado mi hijo, meses largos y duros. Ellos lo hicieron todo mas facil, todo mas humano.
Quiero recordar a los compañeros de clase de mi hijo. Desde su ignorencia acerca de lo que pasaba, le mandaban muestras de apoyo. Ellos, sin saberlo , le dieron razones para volver a intentarlo. Ellos, aplaudiendole el primer día que acudio de nuevo al colegio, le dieron razones para seguir, para hacer ese enorme esfuerzo.
Quiero recordar a sus profesores. Sus llamadas, su apoyo, su comprensión. SIn ellos dificilmente habría seguido en el colegio. Gracias por su paciencia, gracias por su profesionalidad y humanidad.
Pero tambien quiero recordar a muchas personas unicas, que sin saberlo, me han acompañado. Recuerdo un taxista que me llevo a casa desde el hospital el día de su ingreso. Recuerdo sus palabras, cuando disculpandose por irrumpir en mi intimidad, simplemente me dijo, tranquilo, todo va ir bien.
Y el dueño de la cafetería que esta cerca del colegio de mi hijo. Alli pase largas horas, en los primeros dias de la vuelta al colegio, cuando me quedaba cerca de el para darle apoyo y seguridad en su esfuerzo. Cuantos cafes.... y siempre un saludo cariñoso. Me hacía sentir cómodo. Aun hoy le visito. Ya lo sabe todo. Pero al comienzo desde su ignorancia, siempre me expresó su apoyo mas intuitivo.
Y todos esos amigos, que simplemente con un mensaje me decían que no estaba solo. O mis compañeros de trabajo, siempre apoyandome en mi decisión a pesar de que tenían que hacer toda mi labor.
O mi tía, quizás el unico miembro de mi familia por el que realmente me he sentido acompañado. Gracias por ser incondicional, por no preguntar, por no cuestionar.
O personas como Nuria y Malena , que se han vuelto compañeras en este viaje catartico, en este cerrar el circulo que son estos escritos.
Todos ellos a su manera, me ayudan o me han ayudado. Y a su manera tambien de esta forma ayudan a mi hijo. A todos gracias.
Hoy, en un rato de tranquilidad, tras ayudar a mi hijo a preparar un examen, he estado oyendo musica. Escuchaba musica del renacimiento, de W. Byrd. Música polifonica. Y de alguna manera he sentido como este camino era eso, un sendero polifonico. Muchas han sido las voces, distintas las melodías, distintos los instrumentos. Pero todos se fundían al final en una armonia que hacía posible seguir el camino. Y encontrar la melodía en ese mundo de silencios ha sido fundamental. Tantas pequeñas cosas, detalles, formaban parte del acompañamiento. Y te das cuenta que son regalos de la vida. SOn regalos del Dios de las pequeñas cosas.
A todos, gracias.