Un acto de fe
Enfrentarte a una situacion como esta es asomarse a un abismo en el que eres incapaz de ver el fondo. Solo ves la negrura y esa negrura da pánico. La depresión en si es un abismo oscuro, que llena de amargura y desesperanza a quien la vive, un camino que sientes debes transitar pero en el que al comienzo solo ves un palmo por delante tuyo.
La depresión tiene mucho de incomprensible, de inabordable,y como tal, despierta la angustia. Los mecanismos normales para comprender las cosas , los que estamos acostumbrados a utilizar para bandear las situaciones de la vida diaria no son válidos. Y todo eso nos crea un sentimiento de indefensión, de impotencia, de angustia. Yo viví todo eso cuando me enfrenté a la depresión de mi hijo, y eso que de depresiones conozco bastante. Pero es tal la tormenta que estalla dentro de ti, que lo racional, lo aprendido, se tambalea como un velero en una tormenta.
Ante esa angustia y esa situación, una de las primeras cosas que haces es plantearte las causas, los motivos , las razones. Y las explicaciones que te das, por muy claras que sean, son insuficientes. Te construyes argumentos, esquemas que lo explican, que por lo general tienden a quitarte la responsabilidad, a permitir salvar los muebles de tu propia responsabilidad. Es inexorable hacerlo en los primeros momentos. Razones biologicas, (cuantas paginas miradas en Internet), razones externas a la familia, el colegio, la sociedad.... Todas las razones se vuelven cabos ardiendo a los que agarrarse para intentar comprender lo imcomprensible. Pero ninguna de las razones es suficiente. Siempre te enfrentas a un vacio que irremediablemente te lleva a la culpa. Es el momento de cuestionarte muchas cosas, y a veces es insoportable. Pero es que ademas en esos momentos es inutil. Lo se por experiencia. Pocos de los pensamientos que en aquel momento me inundaron fueron válidos posteriormente para el futuro de mi hijo. Y por supuesto para mi propio futuro.
De nuevo el abismo de los primeros momentos. Frente a la sinrazon, la culpa. Junto a la incapacidad de hacer cosas, la frustracion. Junto a la angustia, el miedo.
Y sin embargo tienes que seguir. Quizas de la manera mas irracional posible, basandote en cosas como la intuición, la esperanza, la fe. Seguir adelante y no perder la esperanza en esos momentos se convierte en un acto de fe que se debe derivar en una adhesión ciega a los profesionales y las normas que te imponen. Normas que a veces no controlas, no comprendes, que en ocasiones incluso te desconciertan y culpabilizan. Te resistes a las explicaciones. ¿Por que no puedo verle? ¿Por que solo puedo hablar con él unos minutos? ¿Por que no me lo puedo llevar?......
Con el tiempo comprendes las razones, y descubres que en la mayoría de los casos eran válidas. Pero en esos momentos ... es tan dificil... Por eso necesitas hacer un acto de fe. Es la unica forma de sobrevivir a esa angustia. Pero tambien es la unica forma de no interferir en el tratamiento de tu hijo, interferencias que vienen desde nuestra angustia, desde nuestra culpa, desde nuestra impotencia, y nunca desde las necesidades reales de nuestro hijo.
En esos momentos me ayudó mucho la experiencia de otros padres. Hablar con ellos fué quizas lo unico practico y util . EN el hospital hacían reuniones de padres y ahora con el tiempo lo agradezco, aunque fuese una experiencia dificil. Quizas eso fué otra de las motivaciones para estas cartas.
La fe. No en un Dios que aunque en esos momentos es esquivo a veces le suplicas y a veces le increpas. La fe en que se puede hacer algo. La fe en los profesionales, en sus orientaciones, en las medicinas. La fe, en un futuro , en reparar lo que es injusto. La fe en tu hijo.
Con el tiempo percibes que ese acto de fe es la antesala de todo un proceso en el que tu entras a ser participe de lleno. Es uin proceso largo, duro, sinuoso, pero es necesario. LLegar a el con fuerzas es importante. Y en eso tiene que ver mucho esa fe del comienzo.