Y al principio fué el silencio
Recuerdo la primera noche. Recuerdo la sensación cuando el médico, con las palabras mas cariñosas que supo encontrar, nos comunicó la decisión del ingreso. Recuerdo los intentos de evitarlo y la angustia de tomar conciencia de lo que estaba pasando. Y todo derivó en un inmenso silencio. Un silencio gris, un silencio trágico porque en él tomaba cuerpo cada pizca del sufrimiento de mi hijo. Un silencio agobiante, que no podía romper con palabras que no encontraba. Un silencio que a la postre traducía una sensación de soledad y desamparo.
Recuerdo cuando volví a casa. Sabía que el se había quedado en el hospital, y yo sentía su ausencia . No estaban sus risas, no estaban sus gritos ni sus ruidos. Estaba todo en silencio . Y me dí cuenta que sus sonidos, sus palabras, que para mi en esos momentos eran como las contracciones de su corazon, hacía tiempo que faltaban. La casa estaba en silencio y lo que era peor, ese silencio no iba a ser roto. Imaginaba a mi hijo en la habitación del hospital, quizas solo, quizas acompañado de otro joven que quizas padeciese lo mismo. Y detrás de ese joven quizás estarían otros padres en silencio.
Aquella noche lloré. Lagrimas de amargura, lagrimas de impotencia, lagrimas de dolor. Pero sobretodo, lagrimas de silencio. Lloraba por él, pero también lloraba por mi. Y aun cuando hoy entiendo que tenía derecho, en aquellos momentos me sentía injusto con mi hijo. Y de aquellas lagrimas, de aquel silencio, nació el pacto solemne de lucha, sin límites por volver a llenar el silencio con sus voces, con sus risas, con su vitalidad. En una noche insomne, pacte luchar de nuevo por sus sueños.
Aun recuerdo aquella noche. Noche de vigilia, noche de silencio. Hubo luego muchas noches similares, y aun cuando ahora todo va bien, cuando ya disfruto de nuevo de su voz y su risa, aun hay noches insomnes. Pero aquella noche fue especial. De aquella noche salió un pacto de escucha. Decidi no volver a perderme ninguna de sus palabras. Decidí aprender a escuchar. Porque , cuantas veces las palabras caen en el silencio. Siempre había valorado el silencio, pero nunca lo había sufrido. Y ahora se que no hay que tenerle miedo. Que no hay que evitarlo. Porque ese silencio a la larga fue util, fructifero. Muchas noches después , en silencio, encontré la fuerza para seguir adelante, para repasar conversaciones y entender significados. Le he hablado a mi hijo de este silencio. El lo ha entendido. Yo he sufrido el silencio. El ha vivido un tiempo en el.
No quiero dejar estas notas sin agradecer a los que me habeis escrito. Gracias por vuestras palabras de apoyo. Se que todo va a seguir yendo bien, y quiero compartirlo con vosotros. Se acerca el tiempo de las conclusiones. Hasta ahora he reflexionado mucho. Pero si quiero deciros algo: Me he encontrado mucha gente en el camino, y he aprendido a perder el miedo a contar lo que me pasa. Pero si algo necesita un padre en esta situación es esa palabra de aliento que le de un poco de fé. Y vuestras palabras me ayudan, como me ayuda compartir todo esto con vosotros. Ojala, esto le pueda ayudar a alguien, ese es mi deseo. Hasta pronto